La vuelta a los Hielos

Como comentaba el otro día al escribir sobre El Chaltén, cuando visité ese pueblo alrededor del año 2000 escuché hablar sobre la vuelta a los Hielos Continentales. Y a partir de ahí, quedó guardado en mi cabeza el tema como una de esas cosas onda “uh… algún día me gustaría hacer eso…”

Algún día.

El día llegó medio de repente, en gran parte gracias a Pau y Charly, que por diversos motivos se pusieron las pilas para concretarlo este año, y me terminaron subiendo al barco. Mucha resistencia la verdad no ofrecí ;-)

De paso, Pau y Charly me demostraron (sin querer), como varias otras personas en diferentes contextos/oportunidades, que para concretar algunos sueños o proyectos solo hay que… bueno, concretarlos. Esperarlos no suele ser un buen plan (¡ey! ¿hay algún psicólogo en la sala, por favor?). Creo que va siendo hora de que tome nota de esto. Posta.

Decía, el día llegó medio de repente. Un día estaba discutiendo y analizando propuestas, otro día estaba charlando sobre el equipo necesario, otro día estaba comprando pasaje de avión, otro estaba tomando una cerveza en Antares para conocer a Osvaldo y a José (dos integrantes más del grupo), una mañana estaba caminando con la mochi cargada en la Reserva de Costanera Sur para entrenar y charlar un rato con Pau, Charly y José… y un día estaba subiéndome a un vuelo de Aerolíneas Argentinas con destino a El Calafate.

Y una mañana nublada de enero, después de pasar un par de días hermosos en El Chaltén, arrancó la travesía.

Etapa I: El Chaltén – Piedra del Fraile – La Playita

Primer día, muchas expectativas, algo de nervios, y más que nada, la incertidumbre del clima. El tiempo se venía pudriendo, y el pronóstico no era muy alentador. En El Chaltén estaba haciendo un calor atípico desde hacía muchos días, y los ríos estaban con mucha agua. Y la pregunta del millón era… ¿vamos a poder vadear el río Pollone?

Piedra del Fraile

Piedra del Fraile

Fuimos en vehículo hasta el puente sobre el río Eléctrico, y de ahí arrancamos un trekking tranquilo por un lindo bosquesito, bajo un cielo nublado, sin viento, y con llovizna de a ratos. Almorzamos en Piedra del Fraile, que nos regaló un poco de sol, y continuamos nuestra marcha para encarar al bendito río Pollone.

Y sí, el río tenía mucha agua. Diego y el Boti (nuestros guías) tardaron un buen rato en encontrar un paso más o menos potable, y de todas maneras hubo que poner una cuerda para cruzar un poco más seguros. Este vadeo fue el hito del día, y me quedará grabado para siempre lo fría, lo terriblemente fría que estaba el agua, al punto de que dolían los pies a los pocos segundos de tenerlos sumergidos.

Arroyo Pollone

Arroyo Pollone

Etapa II: La Playita – Paso Marconi – Refugio Gorra Blanca

¡Poné una soga!

¡Poné una soga!

Día D. El Paso Marconi era nuestra puerta de entrada al Campo de Hielo. El clima seguía bastante dudoso. Fue un trekking más o menos tranquilo hasta que entramos a caminar por entre las piedras en la morrena del Glaciar Marconi. El glaciar ha retrocedido mucho en los últimos años, y hay que entrar a trepar por entre las rocas. Una vez más hubo que recurrir a las cuerdas, la cosa estaba resbaladiza (¡como pule la piedra el hielo!), pero seguimos adelante.

Seracs

Seracs

El tiempo empezó a pudrirse un poco más arriba, bajaron las nubes, refrescó, apareció el viento, se largo una nevizca, y después el viento empezó a soplar más fuerte. A esta altura ya estábamos caminando por el hielo, encordados y con raquetas. Y cuando estábamos en el tramo más complicado, una zona en la que hay que ir sorteando grietas continuamente, el tiempo se pudrió del todo. Sinceramente no se cuanto tiempo caminamos en esas condiciones, pero a mi se me hizo mucho. El viento soplaba con todo, había muy poca visibilidad, fue un rato de bastante estrés y bastante tensión. Pero poco a poco el terreno fue mejorando, el viento fue calmando, y de pronto…

Nubes en la nieve

Nubes en la nieve

… la nada. De pronto caí en la cuenta que estaba pisando un manto de nieve, que el viento había calmado, que en el horizonte el sol se filtraba por entre las nubes, que se mezclaba la nieve con la cordillera y con el cielo, que estaba en una inmensidad blanca y silenciosa. Estaba caminando en el campo de hielo. Estaba fascinado. Emocionado.

De aquí en más el camino hasta el refugio, que se veía lejos en el horizonte, era bastante simple. Pero ya estábamos cansados, y parecía que el refugio se burlaba de nosotros y se alejaba un poco más a cada paso que dábamos. Posta. No llegábamos nunca.

Hasta que llegamos.

Etapa III: Refugio Gorra Blanca – Circo de los Altares

Refugio Gorra Blanca

Refugio Gorra Blanca

El refu nos albergó en total dos noches. El día siguiente a nuestra llegada fue de descanso, mateada, charlas y partidas de truco, salpicadas por algunos mínimos paseitos por los alrededores para sacar fotos y contemplar el maravilloso paisaje. Uno de los planes originales para ese día era intentar el ascenso al cerro Gorra Blanca, pero quedó descartado porque el tiempo no estaba bueno, y Diego consideró además que no nos habíamos desenvuelto suficientemente bien caminando con grampones en el Marconi… la verdad, creo que nadie lo lamentó demasiado. El descanso era necesario, y si bien la vista del campo de hielo desde la cumbre del Gorra Blanca debe ser alucinante, lo cierto es que ese día el cerro estaba completamente tapado de nubes.

Hacia el Circo de los Altares

Hacia el Circo de los Altares

Al otro día, arrancamos hacia nuestro próximo destino, el Circo de los Altares. El tiempo estaba mejorando, y según el pronóstico actualizado que nos habían pasado (¡qué buen invento el teléfono satelital!), sería el mejor día de la semana. Que fuera el mejor no significaba que fuera bueno, pero… era lo que había.

Fue otro día de marcha tranquila por el campo de hielo, esquivando alguna que otra grieta. De a poco fue despejando, aunque no del todo, y el viento no apareció.

Y llegamos al Circo de los Altares, algo que para mi era el hito de la travesía. Y sin embargo… de entrada no me enamoró. No se si fue por la cantidad de fotos que ya había visto, si fue porque lo encontré parcialmente tapado, si fue el cansancio o la suma de todo, pero de alguna manera, el impacto no fue el que yo esperaba. No me malinterpreten: es impresionante, es imponente, es hermoso… pero yo esperaba más. Expectativas, supongo.

Armando las carpas

Armando las carpas

El armado del campamento fue muy divertido, y llevó dos horas. Dos largas horas, para construir el muro de hielo, y armar las carpas.

El atardecer tuvo más magia, estaba un poquito más despejado, había arco iris por todos lados, me deleité con nubes locas, loquísimas, y raros reflejos del sol. De a poquito el Circo de los Altares me iba diciendo “¿ves pedazo de pelotudo que este lugar que decís que no cumplió tus expectativas es maravilloso?”

Nubes mágicas

Nubes mágicas

Etapa IV: Circo de los Altares – Laguna Ferrari – Refugio Paso del Viento

El tiempo empezaba a portarse bien del todo. Se fue despejando. Y ver aparecer el sol por atrás del Torre fue muy especial. Finalmente estaba conectándome con el lugar, justo cuando teníamos que dejarlo. Ufa. Hubiera estado genial pasar un día más en el Circo de los Altares, pero había un programa a seguir. No se puede todo en la vida…

Circo de los Altares

Circo de los Altares

La jornada hasta el refugio Paso del Viento fue muy larga. Arrancó tranqui, muy similar al día anterior, caminando por el campo de hielo, hasta que nos “bajamos” al costadito del glaciar Viedma.

La cosa se fue poniendo más áspera caminando por la morrena del glaciar, porque el terreno está muy erosionado. Típico pasaje con mucha piedra grande en la que no hay un camino marcado, sino que hay que buscar por donde pasar a cada paso. Y el viento de a ratos demostró que no por nada estábamos en las cercanías de Paso del Viento.

Refugio Paso del Viento

Refugio Paso del Viento

Poco a poco fuimos saliendo del terreno complicado, el viento se fue a dormir, pasamos por la laguna Ferrari, y finalmente, después de un total de diez horas de larga, larguísima marcha, llegamos al refugio Paso del Viento.

Etapa V: Refugio Paso del Viento – Paso del Viento – Laguna Toro

Mate

Mate

Llegar al refu fue una bendición. Muchos aprovechamos los últimos rayitos de sol para un baño polaco en la laguna y todo. Fue reparador. El día siguiente era libre, y nos quedamos en el refu, tomando sol, secando algunas cosas, mateando, jugando al truco, disfrutando.

Hasta que volvió a aparecer la preocupación por el vadeo de un río, esta vez, el río Toro (o Túnel, como más te guste). Nos enteramos que la gente que venía desde Laguna Toro para hacer el circuito del Huemul, por ejemplo, o se volvía, o terminaba cruzando muy de madrugada, cuando la temperatura es más baja y el río viene con menor caudal.

La gente que nos iba a traer el morfi para los días siguientes no pudo cruzar el día de nuestra llegada al refu, y se volvió para hacer un nuevo intento a la madrugada. Finalmente pudieron cruzar, con el agua a la cintura y mucha dificultad, y llegar hasta el refugio (¡genia Marreika!).

Al día siguiente nos tocaría a nosotros…

Paso del Viento

Paso del Viento

Salimos temprano para Paso del Viento, donde almorzamos. El día estaba espectacular, el viento… bien gracias (¿dónde estaba el viento de Paso del Viento?). Estuvimos un buen rato disfrutando del panorama, y luego partimos hacia el río, a ver que nos deparaba el destino.

Era más de mediodía, y el sol estaba fuertísimo, y había estado igual el dia anterior, así que el río venía con todo. Después de sopesar un poco las alternativas, los guías decidieron cruzar por la tirolesa. Vos dirás, “¡avisá! ¿había una tirolesa? ¿por qué tanto lío entonces?”. Bueno, uno de los cables de la tirolesa tiene un anclaje salido. Y varios hilos de acero cortados. No es la tirolesa más confiable, digamos. Y está en un cañadón bastante profundo y caudaloso. No sería divertido caerse justo ahí…

Tirolesa sobre el río Túnel

Tirolesa sobre el río Túnel

Sin embargo, y a pesar de todas las advertencias, había mucha gente cruzando. De todas maneras, Diego, el Boti y Cristian se ocuparon de reforzar con cuerdas el asunto, y de hacernos cruzar asegurados, para minimizar las probabilidades de que ocurriera algo feo. Desde afuera, tal vez por la inexperiencia en tirolesas y la incapacidad de evaluar correctamente el riesgo, debo decir que a mi me resultó más divertido cruzar haciendo tirolesa que intentar un vadeo metiendo las patas en el agua helada y correntosa…

Superado el cruce del río Toro, después de un rato más de trekking sin novedades llegamos a nuestro último campamento.

Etapa VI: Laguna Toro – El Chaltén

Último día. Sería una jornada tranquila, aunque relativamente larga. Y el hito del día, por así decirlo, era la subidita que arrancaba al ratito nomás de salir de Laguna Toro. Tranquila, pero constante.

Lago Viedma

Lago Viedma

El premio fue llegar a un hermoso prado en donde almorzamos, otra vez bajo un sol espectacular, con vista por un lado hacia el lago Viedma, por otro hacia el Fitz Roy y el Torre, y por otro hacia el cordón Moreno. Sobraban los tábanos, eso sí.

De ahí empalmamos con el camino de trekking que va a la Loma del Pliegue Tumbado, directo hacia El Chaltén, sin paradas intermedias, siempre con espectaculares vistas del Fitz a nuestras espaldas.

Y fin

Fue una travesía muy especial, en muchos sentidos. Primero, porque fue un sueño concretado, y porque es impresionante. El campo de hielo es impresionante, el Circo de los Altares es impresionante (sí sí, tuvimos nuestros problemitas en un primer momento, pero los superamos).

Pero también porque tiene muchos condimentos: bosque, pradera, hielo, nieve, grietas, morrenas, lagunas, arroyos, ríos, piedra, acarreo, refugios, campamento, campamento en hielo, pasos de altura, glaciares, caminatas con grampones, con raquetas, encordadas, sol, viento, frío, calor, nubes, ¿qué más querés? Ah, sí, ¡tirolesa!

Desde lo técnico sentí que fue un desafío, y estuvo en dificultad un escaloncito más arriba de las cosas que había hecho hasta ahora. Las jornadas de marcha eran largas, y a muy buen ritmo. La mochi fue siempre pesada, especialmente los primeros días. Los grampones son un dolor de huevos, ahí me falta experiencia. Fue mi primera vez caminando con raquetas, pero encontré que caminar con raquetas es casi natural (hasta que intentás ir para atrás y terminás de culo en el piso). Fue mi primera vez caminando encordado, y eso resultó toda una experiencia, porque te impone sí o sí un ritmo, hay que ir todo el tiempo prestando atención para no pisar las cuerdas, porque en cierta manera es más “solitario” (que paradoja que caminar atado a otros sea más solitario, ¿no?), y me encontré bastante más conectado con el entorno que si uno va suelto, charlando, moviéndose de acá para allá, haciendo la suya. Nunca había armado una carpa directamente en el hielo, ni construído un muro de hielo. Nunca les había sacado tanto el jugo a los bastones de trekking.

También fue una oportunidad para poner en práctica toda la experiencia acumulada, y cada travesía previa, cada campamento, cada ascenso, cada subida, cada bajada, cada vadeo, cada salida a correr, cada sábado a la mañana entrenando en Palermo, cada paso que fui dando todos estos años de trekking y montaña, sumó.

Y pensé mucho en mucha gente con la que caminé y me enseñó a caminar. No se muy bien por qué, fue un viaje bastante introspectivo también. Tuvo su faceta de “círculo que se cierra”, de haberle encontrado un propósito o un destino a vivencias previas.

Fue una experiencia impactante, emocionante, inolvidable.

Todas las fotos, acá: Hielos Continentales 2012

Volviendo a las sierras de Córdoba

El último finde largo estuve despuntando el vicio del trekking en las sierras de Córdoba. La última vez que había estado haciendo trekking por ahí fue en octubre de 2005… hace 6 años. Mucho tiempo.

¿Y antes de eso? Antes de eso ni quiero sacar la cuenta. Volver a caminar por las sierras de Córdoba siempre es especial, porque ahí empecé a hacer trekking, porque ahí fueron mis primeras vacaciones sin mis viejos, porque también fue una provincia en la que veraneamos varios años durante mi infancia. Córdoba es especial.

Y en particular la Quebrada del Condorito debe haber sido el segundo o tercer lugar que pisé haciendo trekking. El primero fue seguro Los Gigantes. Y después, estoy en duda cual fue el segundo, si la Quebrada o alguna otra excursión, tipo Cascada de los Chorrillos. Tendría que buscar las fotos (en papel, obvio). Eso fue en el año ’96, si la memoria no me falla, con JEG, mientras veraneábamos en Carlos Paz.

No puedo decir que reconocí el paisaje, porque mi memoria es pésima, porque aquel primer viaje fue en otro contexto, cuando la Quebrada aún no era Parque Nacional, y porque fue un trekking corto de ir y volver en el día. Pero sí puedo decir que me acordé mucho de Sergio, y de Marito, y de Edith, y de Gabriela, y de muchos de mis primeros “amigos de la montaña” que por esas cosas de la vida, ya no veo.

Pampa del HospitalEl plan original era acampar cerca del balcón norte de la quebrada, y hacer una travesía hasta San Clemente. Pero hubo un ligero cambio de planes, por un lado porque el parque está haciendo los preparativos para los festejos de sus 15 años, y como tiene (supuestamente) todo el personal dedicado a eso, decidió deshabilitar temporalmente varias de las áreas autorizadas de acampe. Podría escribir un rato sobre lo que opino de como Parques Nacionales maneja algunas cosas… pero dejémoslo para otro post. Así que acampamos en la Pampa del Hospital, que está un poco más alejada de los balcones, más cerca del Centro de Visitantes del Parque.

Por otro lado, el pronóstico del tiempo no era muy alentador para el fin de semana, así que también acortamos un poco la travesía (en caminata, no en tiempo), y terminamos saliendo por otro lado.

Balcón SurEl primer día nos instalamos en el campamento, agarramos provisiones para la tarde, y nos fuimos hasta el Balcón Sur, luego de almorzar en el río. La vista es espectacular, el día se había puesto hermoso, vimos varios cóndores (aunque no muy de cerca), y con la ayuda de los binoculares de Rolo pudimos ver también “el baño de los cóndores”, al fondo de la quebrada, cerca del río: un lugar donde estas aves se reúnen para acicalarse y limpiarse. Después de disfrutar un buen rato de esto, volvimos al campamento, cenamos, y al sobre. El día había sido muy largo, arrancando alrededor de las 6am con el desayuno en el bondi.

Balcón SurRío Condorito

El segundo día levantamos campamento y nos fuimos al Balcón Norte. El sol estaba fuertísimo, así que la caminata fue un poco más pesada. Además, esta vez cargábamos con todo. Almorzamos al costado de un arroyito, y nos fuimos para el balcón. No tuvimos suerte esta vez con los cóndores: apenas se veían un par, muy muy a lo lejos. Por clamor popular decidimos emprender la marcha para llegar lo más rápido posible al puesto serrano en el que íbamos a campar, y aprovechar la tarde, y sobre todo, el río.

Esto es vida...La magia de las sierras

Partimos por un sendero ya no tan tradicional, fuera de los senderos auto-guiados del Parque, y fuimos descendiendo hasta cruzar el límite que separa el área intengible, protegida, pasando ya a caminar por terrenos privados. A media tarde llegamos a un puesto serrano (¿Puesto de Mimbre? No me acuerdo el nombre… ¿alguien me ayuda?), donde merendamos, aprovechamos el río, y descansamos. Fue una tarde de relax, desenchufe, de recordar anécdotas de otros viajes, y de disfrute.

En el ríoEn el río

Finalmente la tormenta anunciada llegó esa noche, aunque pasó bastante rápido, y no fue tan grande tampoco. Después de desayunar levantamos campamento, y emprendimos la marcha hacia el cruce con la ruta, por donde iban a pasar a buscarnos. La mañana estaba brumosa y húmeda, y de a ratos lloviznaba. Después de un par de horas de marcha, terminamos bastante mojados. Una vez que llegamos a la ruta, nos pasó a buscar Quique, y nos fuimos a almorzar. De allí, a Carlos Paz, al hotel (¡hotelazo!) de Quique, a ducharnos y aprovechar las instalaciones del hotel para pasar la tarde mateando y charlando (¡Quique es un libro abierto!), hasta la hora de tomar el bondi de regreso.

Hermoso fin de semana, en resumen.

Todas las fotos, acá: Quebrada del Condorito 2011

De Iruya a Nazareno

¡Cómo pasa el tiempo! Hace más de un mes que volví de mi último trekking. No puedo creer que haya pasado tanto tiempo, pero es verdad.

Anduve otra vez por el NOA, mayormente dentro de los límites de la provincia de Salta (aunque el viaje arrancó en Humahuaca, Jujuy), haciendo una travesía entre Iruya y Nazareno. Es mi tercer travesía en el noroeste, la primera fue de Tilcara a Calilegua, y el año pasado, de Humahuaca a Valle Grande. Y con esto completo la trilogía de trekkings en el NOA que desde hace años organiza Hielo Azul. Van a tener que ir pensando en alguna alternativa nueva…

El año pasado nos congelamos, este año, nos cocinamos. Nos tocó un tiempo espectacular, e hizo mucho mucho calor. El punto de encuentro fue la Posada El Sol, en Humahuaca, un lugar al que siempre es grato volver. Lástima que las últimas veces fue solo para pasar apenas una noche. Algo que me llamó la atención fue que encontré a Humahuaca muy sucia… una pena. Quisiera creer que fue por alguna circunstancia del momento, pero por la fecha, lamentablemente lo más probable es que no, que sencillamente sea producto de que está creciendo, y que se empieza a notar cada vez más que la infraestructura no alcanza para sostener el crecimiento de la población, y del turismo (sobretodo lo segundo).

A la mañana siguiente a la llegada a la Posada, y luego de uno de esos buenos desayunos que ya son marca registrada del lugar ;) , partimos hacia la terminal de micros, y de ahí, a Iruya en uno de los servicios regulares. Llegamos a Iruya a mediodía, y para mi fue una oportunidad de recorrerla mejor, ya que nos quedamos hasta el día siguiente. Las dos veces que había estado en este hermoso pueblo había sido de pasada, apenas unas horas. Lamentablemente aquí también me impactó negativamente el “progreso”. Iruya está mucho más grande de lo que la recordaba, y ha crecido muy desordenadamente. Hay concreto y cemento por todos lados, y no parece que hubiera ningún interés en preservar la fisonomía del pueblo, ni sus construcciones típicas. La típica “postal”, con la iglesia suspendida en la montaña no es ni a palos lo que era hace algunos años. Entiendo que para los pobladores se han producido algunos avances más que bienvenidos (como la construcción de un puente peatonal que cruza el río, que conecta los dos barrios), pero me parece, en mi humilde e inexperta opinión, que hay un montón de “progreso” del malo, que podría haberse encarado de otra manera.

Pero bueno, como decía, tuve la oportunidad de “vivir” un poquito más Iruya, de tomar un poco más de contacto. Y comer comiditas ricas :)

Iruya

Después de una linda noche en Iruya, finalmente abandonamos la civilización, los vehículos, y demás porquerías que está bueno olvidar por una semanita ;) , y arrancamos el trekking. Fuimos remontando el río Iruya, y luego subimos hasta el Abra del Colorado, para luego bajar hasta el río San Juan. Y de ahí, derechito hasta Chiyayoc, a 3100msnm, donde armamos el primer campamento. Bueno, derechito lo que se dice derechito no fue: hubo que subir y bajar una par de veces. Esto de las montañas es así, ¿vió? Relieve, le dicen.

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Al día siguiente arrancamos una interesante subida hasta el Abra de Chiyayoc, 3900msnm, y punto más alto de la travesía. Una vista espectacular, que fue una constante de toda la travesía. Y luego bajamos hasta el poblado de Rodio, a 3000msnm, nuestra segunda parada.

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La tercer jornada de trekking fue larga, pero también para mi una de las más lindas. Descendimos hasta cruzar el valle del río Trancas (y pueblito homónimo), pasamos por Rodeo Colorado, y finalmente llegamos a Abra del Sauce, a 3260msnm. En lugar de acampar, paramos en un salón comunitario. Abra del Sauce fue tal vez el poblado más interesante, probablemente porque es el más chiquito, y el más aislado. ¿O habrá sido porque yo tenía una misión que cumplir? ;)

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Y arrancamos el anteúltimo día de trekking, bajando hasta el Molino, y luego subiendo por el río Nazareno hasta llegar al lugar de acampe. Fue un día de marcha bastante corto y tranquilo, pero el sol te taladraba el cerebro, así que eso lo complicó un poco. ¿Les conté ya que este año nos cocinamos?

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Finalmente, iniciamos el último día de marcha, remontando el río Nazareno hasta llegar al pueblo. Lo interesante de esta jornada es que te la pasás vadeando el río de un margen al otro… lo debemos haber cruzado unas 50 veces, sin exagerar, y obviamente no hay tiempo para cambiarse de calzado cada vez que vas a cruzar, así que terminás cruzándolo con lo puesto. Este día agradecimos el calor, porque el agua del Nazareno es bastante fresquita, así que el solazo fue bienvenido.

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Nazareno es un pueblo bastante grande, y muy interesante. Me llamó la atención la cantidad de rejas… ¿la inseguridad llegó hasta allá? Resulta muy llamativo, porque contrasta con absolutamente todos los otros pueblos por los que pasamos. Paramos en una pensión, nos sacamos la mugre, recorrimos el pueblo, probamos la cerveza artesanal “La Nazarena”, y cenamos comida casera, y por supuesto, típica.

Último día, también conocido como la ultra-maratón del regreso. La vuelta fue larga. Arrancamos tomando una combi a las 5am (sí, 5am, y… ¡era sábado!) que nos llevó a La Quiaca. Dicen los que han tenido oportunidad de ver el camino en otro contexto (i.e., no cuando todavía es oscuro, y cagados de sueño :P ) que es una ruta hermosa. Por lo pronto, bastante alta (si mal no recuerdo, se llega a andar casi por los 5000msnm). Pero nosotros dormimos la mayor parte del viaje. Realmente no daba para mucho más.

Llegamos a la mañana temprano a La Quiaca, y si bien el plan era desayunar, preferimos tomar el micro a Jujuy que salía más temprano, así que compramos un par de giladas, y otra vez a un bondi. El trayecto La Quiaca / Jujuy es largo (5hs), que encima tiene el condimento de las demoras de los controles de Gendarmería, que te paran en el medio de la ruta (no olvidemos que La Quiaca es paso fronterizo hacia Villazón, Bolivia). Por suerte, no nos pararon, así que dentro de todo hicimos “rápido” (es decir, tardamos “solo” las 5hs que se supone que se tarda cuando todo anda bien).

Llegamos con tiempo a Jujuy, era mediodía y nuestro micro salía recién a las 16hs, pero igual nos las ingeniamos para, además de almorzar, pretender hacer muchas cosas más de las que son razonablemente posibles (un clásico de nuestras pasadas por Jujuy, ¿por qué?), así que obviamente terminamos aceleradísimos y a las corridas. Para los no iniciados: “muchas cosas” es, básicamente, comprar todo tipo de boludeces :P

Y nos subimos al FlechaBus. Y fuimos… infelices. FlechaBus merece realmente una muerte lenta y dolorosa. Al menos la gente que inventó este servicio “mixto”, en el que el piso de arriba es semicama, el de abajo es cama (nosotros ibamos en el cama), pero el servicio cama es carísimo, y no da absolutamente ningún servicio. Y encima el micro va parando en todas, en absolutamente TODAS y demora algo así como 23hs para llegar a Buenos Aires. ¡IMBECILES! Lamentablemente los monopolios que los diferentes gobiernos han dejado crecer en el transporte automotor de larga distancia no te dejan con demasiadas alternativas, pero es lamentable. FlechaBus: SON UNA MIERDA, sabelo, y lo voy a pensar muy bien antes de volver a viajar con ustedes si puedo evitarlo.

Y la frutilla del postre es que luego en Retiro me quisieron afanar, pero bueno, eso es otra historia.

De todas maneras, no dejemos que la maratónica vuelta y la mierda de FlechaBus empañen el resultado: La travesía estuvo genial. Para mi fue mucho más linda que la del año pasado (Humahuaca / Valle Grande), y todavía estoy decidiendo quien se queda con el primer puesto entre esta y la primera (Tilcara / Calilegua).

Y hacer un trekking entre amigos es aún más lindo… a veces me preguntan si no me canso de hacer “siempre lo mismo”. Creo que más de uno que pregunta no tiene idea lo que es un trekking (¡y está perfecto, nadie tiene por qué saberlo!), no es siempre lo mismo. Pero si hay un esfuerzo absolutamente premeditado de hacerlo siempre con la misma gente. Con Hielo Azul, siempre estoy entre amigos. And that’s fuckin’ awesome. :)

Acá les dejo una selección de fotos del viaje.

De Colonia Suiza… a Mascardi

Segunda (y última!) parte de mis vacaciones, para variar, con Hielo Azul Aventura :P La primera parte te la conté acá.

A lo mejor leíste “De Colonia Suiza…” y tu cerebro autocompletó “… a Pampa Linda”. Y sí, está muy bien que tu cerebro haya hecho eso: ese era el plan original, esa es la travesía “típica”, aunque también en nuestro plan original la íbamos a des-tipificar un toque con algunas variantes.

Pero resulta que llovió, lloviznó, lluv-algo toda la semana, y finalmente des-tipificamos la travesía por la lluvia. Primera vez que me pasa en verano que el tiempo esté entre horrible y mas-o-menos-feo una semana completa, sin dar tregua. Y acá es cuando agradecés dos cosas:

  • Estar entre buenos amigos. A mi el mal tiempo me pone un poco “down”, así que es buenísimo estar entre amigos, y hacerle frente al mal tiempo entre todos
  • Que te guste la montaña y no la playa. Si vas a la playa y llueve… alpiste. Si estás en la montaña, se puede disfrutar igual

Así que a pesar de la lluvia y las nubes y los cambios de planes, la pasamos igual o mejor que cualquier otra oportunidad. Solo que alguna vez habrá que volver, para ver algunos paisajes de altura que se perdieron, y para conocer la laguna Ilón y Pampa Linda, que quedaron en el tintero.

¿Qué hicimos? Arrancamos en Colonia Suiza, en un hostel/complejo de cabañas del que no recuerdo el nombre (a ver si algún compañero de aventura ayuda acá) el Camping Ser donde nos organizamos y pasamos la primer noche. Al otro día luego de acomodar equipo, partimos hacia el primer destino: Laguna Negra. El tiempo nos acompaño dentro de todo bastante bien (el día anterior había llovido a cántaros), hasta la hora del almuerzo. Ahí se largó a llover… casi para siempre :P

ArroyitoTodavía había sol!

Caracol hacia Laguna NegraTodos esperábamos con intriga y cierto… mh… ¿temor? al famoso “caracol” de la última parte de la subida antes de llegar a Laguna Negra y al refugio Italia, pero la verdad, no fue para taaaaaanto. Ayudó que esté fresquito, nublado y lloviznoso. Calculo que con un sol que te parte la crisma se debe hacer más cuesta arriba de lo que en realidad es.

El primer cambio de planes fue parar en el refu Italia. La idea era pasar de largo Laguna Negra, y acampar más adelante, en un punto intermedio entre la Negra y la CAB, pero nos quedamos en el refu. Estaba muy ventoso, bastante frío, y lluvioso. El entorno del refu Italia es bellísimo. Me encantó el lugar y el refu en sí. Ese día hicimos vida de refu: mateamos, comimos, charlamos, jugamos al truco, a los dardos, seguimos comiendo, etc.

DardosAtrapasueñosRefugio Italia

A la mañana siguiente partimos hacia la CAB, el camino es muy lindo, tuvo un condimento extra de “aventura” haciendo un pseudo-rapel en una pasada que es complicada de hacer sin una soga. Subimos, bajamos, subimos, bajamos… y llegamos a la CAB. Accedimos a la laguna por una punta, y el campamento estaba en la otra. La verdad estábamos medio retrasados, queríamos llegar, así que en lugar de bordear la laguna por tierra, entre las lengas, la rodeamos por el agua. Estuvo bueno. Impresionante como bajaba la temperatura del agua cuando pasabas por el desagüe de algún arroyito.

Laguna NegraLaguna CAB

En la CAB nos quedamos a esperar al mal tiempo… y hubo que esperarlo 2 días y medio. La idea original era quedarse una sola noche allí, pero de la CAB había que subir hasta el Filo de los Cristales, y era complicado hacer eso bajo el agua. Así que movimos el “día libre” planeado para unos días después, y nos quedamos. Este fue el único momento en que el mal tiempo molestó. Primero porque estábamos con la incógnita de si íbamos a poder seguir o no. Si el clima no mejoraba, íbamos a tener que pegarnos la vuelta, porque ya no iban a dar los tiempos. Y por otro porque tuvimos que todo el tiempo hacer turnos en la carpa cocina para desayunar, almorzar, merendar y cenar, tuvimos que estar buena parte del tiempo en las carpas, nos mojamos, se nos mojaron las cosas, y al menos a mi me empezó a cambiar el humor.

Laguna CABFogónOllas

Pero aguantamos. Y nos cagamos de risa. Y disfrutamos de lindos fogones. E hicimos obras hidráulicas alrededor de las carpas.

Después de dos días, y del Concilio de los Guías (casi casi a la altura del Concilio de Elrond eh!), se conoció la decisión inapelable: seguir adelante. Uhu! Urra! Iupi! Y en ese momento quedó tomada la decisión de llegar hasta la Laguna Azul, y bajar hasta Mascardi, sin llegar a la Ilón y a Pampa Linda, porque ya no daban los tiempos.

Y partimos hacia el Mallín de las Vueltas, en donde acampamos y pasamos una noche. Muy lindo mallín. Y este campamento fue el lugar del primer mega-recital, con Ale y Luis a la cabeza, conociéndose todas, pero TODAS las letras de TODO, cosa que a esta altura me sigue sorprendiendo.

Laguna CABcHagHiRecital

De allí seguimos camino hacia el Filo de los Cristales, que divide el cerro Bonete del cerro Cristal. Impresionantes lajas. Y bocha de cristales de cuarzo. Destino final de ese día: la laguna Cretón. Objetivo: meterse a la laguna, a como de lugar. Y por suerte lo cumplimos. No es que cuando llegamos (por la tarde) el día estaba brutal, pero estaba mucho mejor. El sol se animaba a despuntar de a ratitos y todo. Así que nos dimos un chapuzón en la Cretón (no daba para mucho más, estaba helada!), disfrutamos de las cascadas, fuimos hasta la laguna, y…

Filo de los CristalesCascadaLaguna Creton

Fogón… comimos. Mucho. La Cretón era el punto de reabastecimiento de comida, y había comida pensada para el plan original de la travesía, más el día libre (que ya nos lo habíamos fumado en la CAB), así que había mucha comida. Pero mucha. ¿y qué mejor entonces que dedicarse a comer, eh? Hasta ensalada de fruta con crema hubo, fijate.

Y llegó el último día de travesía, que iba a ser largo. Había que subir hasta el col que separa los cerros Punta Negra y Capitán, bajar a la Laguna Azul, y luego seguir bajando hasta Mascardi. El camino hasta el col estuvo muy bueno, y la vista de la laguna en sí desde ahí arriba es impresionante. Hermosa. Nos quedamos un buen rato para disfrutar de la vista, y aprovechar los ratos en que las nubes se corrían y nos mostraban más de ese paisaje.

Laguna Azul

PicadaA partir de ahí, la ruta se fue poniendo más heavy. Entre una cosa y otra habíamos dejado el campamento en la Cretón tardísimo, y la bajada del col hasta la Laguna Azul se fue complicando un poco porque es todo un faldeo con mucha piedra suelta. Es cuestión de experiencia, y de afirmarte, y de confiar en tu pisada, pero se avanza lento. Llegamos bastante tarde a la Azul, y de ahí había que seguir hasta Mascardi. Nos quedaba un trecho importante todavía. Almorzamos una picada espectacular, y seguimos.

Toda la primer parte de la bajada va por la orilla de un arroyo que baja desde la laguna Azul. Fueron bastantes horas, agotadoras, porque el camino era difícil, de esos que tenés que ir prestando mucha atención donde pisás, que pisás, como pisás, por donde pasás. A mi me va quemando los papeles de a poquito… y no disfruté mucho del entorno (que es espectacular). Finalmente la ruta se interna en un bosque, en donde pasa a ser una picada de trekking “normalita”, marcada, en la que no queda más que caminar y disfrutar del bosque. Entrar al bosque fue un alivio y un placer, y empecé nuevamente a disfrutar de la cosa. Pero… es largo. Muy largo. Y llegó un punto que listo, quería llegar, bosque o no bosque, ya estaba bien de caminar, je.

Arroyo

Llegamos a Mascardi a última hora, y después de reagruparnos, fuimos en búsqueda de nuestro transporte, que nos llevó a Bariloche. Paramos en la Bolsa del Deporte, muy lindo hostel. Hacía añares que no paraba ahí. Era tardísimo, así que nos duchamos, y terminamos encargando pizzas para comer en el hostel. No daba para salir, primero porque era tarde, y segundo porque nadie tenía pilas. Así que los planes de salir de joda por Bariloche se terminaron frustrando. Una pena… pero bueno, no se puede todo en la vida che!

El último condimento fue el agua (pero no la que cayó del cielo, sino la que tomamos), o algo que a algunos nos cayó mal. Con distinto grado de intensidad, hubo 4 o 5 de nosotros que terminamos medio dados vuelta. Yo en particular a la mañana siguiente todavía tenía la pizza en la garganta, tanto es asi que no desayuné, y me mantuve a agua mineral, Sprite y Gatorade todo el día, incluso en el bondi de regreso, donde no almorcé, ni merendé, ni cené, ni desayuné a la mañana siguiente entrando a Baires. Sí, así de loquito estaba mi sistema digestivo.

Y así concluye la historia :) Estuvo buenísimo, a pesar del clima y el contratiempo digestivo del final. La travesía es muy muy linda, se pasa por lugares realmente increíbles. De las cosas que hice por la zona de Bariloche (que no han sido muchas, siempre me moví más por El Bolsón), hasta ahora es lo que más me gustó. El buen tiempo hubiera sido un plus para ver más paisajes (el Tronador por ejemplo se nos escondió todo el tiempo), y para disfrutar las lagunas y arroyos. Pero bueno, como decía al principio, habrá que volver :)

Selección de fotos de la travesía, acá: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625943039792/

O una presentación tipo diapositivas, acá: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625943039792/show/

En la Cordillera del Viento

El viaje a Vallecitos para hacer un poco de trekking y subir al Adolfo Calle en mayo del año pasado fue el puntapié inicial para empezar otra vez a pensar en ascensos, después de muchos, muchos años.

La siguiente meta era el Domuyo, en la Cordillera del Viento, Neuquén. El “Techo de la Patagonia”, ja. Resultó que no hubo cumbre, pero fue una experiencia sumamente gratificante en muchos sentidos. Y aprendí un montón de cosas.

Lo primero que hay que decir del Domuyo es que está LEJOS. Sí, sí, Neuquén no es tan lejos (desde el punto de vista de Buenos Aires), pero cuesta llegar. Bondi de Buenos Aires a Zapala. Bondi de Zapala a Chos Malal. Bondi de Chos Malal a Las Ovejas. Chata de Las Ovejas a Varvarco. Más de 24hs de viaje, y todavía NO estábamos en el Domuyo.

En Varvarco

Llegamos a Varvarco con algo de llovizna. Hasta ahí todo bien, estaba dentro del pronóstico: los primeros dos días se suponía que estarían feos, y después, teníamos pronóstico de buen tiempo. En Varvarco nos alojamos en unas cabañas para pasar la noche, y preparar el equipo para partir al día siguiente. Y conocimos a La Gallega, una celebridad en el pueblo, quien nos abrió su casa y nos preparó unos riquísimos fideos con estofado, acompañados por tortafritas. Sí, en lugar de pan, tortafritas. ¡Y qué tortafritas! Esa noche sufrimos una baja: uno de los muchachos se sintió mal, y prefirió volverse… así que quedamos Claudia, Fermín y yo, con Pablo y el Lechu como guías.

Arrancamos el lunes a media mañana en la misma chata que nos había traído a Varvarco, rumbo al “Playón de Estacionamiento”, punto de partida del ascenso, y lo más cerca que se puede llegar al Domuyo en vehículo. El recorrido dura un poco más de una hora, y es muy lindo. Los paisajes encierran un montón de sorpresas, con piedras “raras”, praderas salpicadas por piedras, “fumarolas” (toda la zona tiene aguas termales, con epicentro en el pueblo de Aguas Calientes, muy cerquita de allí), arroyitos, paredones… y más o menos a mitad de camino se aparece el señor Domuyo, desafiante, diciendo “acá estoy, soy el amo y señor de todo esto” :)

Rumbo al Domuyo
El Domuyo
El Domuyo
 

Ya en el Playón de Estacionamiento, organizamos el equipo que sería porteado hasta el campamento base a caballo (carpas, morfi, equipo de campamento), y nosotros arrancamos el trekking a pie. Fueron unas 3hs de marcha, tranqui, con parada para almorzar, en la que nos cruzamos con varios grupitos de personas que bajaban. Algunos habían hecho cumbre, otros no. Tiraron un par de tips, respecto a la cantidad de nieve y hielo, y seguimos marcha.

Al llegar al campamento base, a aprox. 3100 msnm, nos encontramos con que estábamos solos. Y así se mantendría: toda la gente (que no era mucha!) que había estado en el Domuyo se había vuelto ese día o el anterior, así que nos quedó todo el campamento (y todo el cerro), para nosotros. Armamos las carpas, nos organizamos, y nos dedicamos a descansar. Para mi era la primera experiencia de un campamento de este tipo, directamente en la montaña, sin bosque, sin reparo de ningún tipo, con no mucha agua.

Camino al campamento base
Llegando al campamento base
Campamento base
 

El atardecer de ese día fue espectacular. Cerca de la “golden hour”, me fui con el Lechu a hacer un mini-trekking más arriba, para ver como seguía el camino, y sacar fotos. Muchas fotos. Me harté de sacar fotos :)

En el Domuyo

Atardecer
 

El tiempo estaba espectacular, algo de viento pero normal. Hasta ahora el pronóstico se cumplía. Y creo que en ese momento todos sentíamos, en retrospectiva con mucha soberbia, “ya lo tenemos!”.

El martes el plan era subir parte del equipo al Campamento 2, aprox. a 3800 msnm, pasar un rato allí, hacer un poco de reconocimiento, y volver al Campamento Base. El objetivo era triple: aclimatar a la altura, portear parte del equipo para no ir tan cargados luego cuando nos fuéramos a instalar al otro día, y ver desde un poco más arriba y un poco más cerca como estaba la cosa. El trekking hasta el Campamento 2 fue tranqui, físicamente estábamos de 10, hicimos muy buen tiempo, llegamos enteros. Armamos una de las carpas, en las que quedaría el equipo, y almorzamos. Una parte del grupo se quedó descansando, y curioseando por los alrededores del campamento (yo opté por este plan), y Pablo y el Lechu subieron un poco más, junto con Fermín, a dejar el equipo de escalada y las piquetas aún más arriba, y ver como estaba el camino.

Rumbo al campamento 2
Llegando al campamento 2
Campamento 2
 

A media tarde regresamos al Campamento Base otra vez. Había algo más de viento, había más nubes, y aunque tratábamos de pensar en otra cosa y de confiar en el pronóstico… estaban pasando cosas no pronosticadas. Lo bueno de las nubes fue que nos regalaron otro atardecer espectacular, incluso mejor que el del día anterior :) Por la noche hubo bastante viento, fue complicado descansar, pero hasta ahí, manejable.

Atardecer
Atardecer
 

El miércoles volvimos a subir al Campamento 2, esta vez para quedarnos. Había bastante más viento que el día anterior, pero nada que impidiera seguir con los planes. Terminamos de armar el Campamento 2, almorzamos, aprovechamos para regular los crampones a nuestro calzado, y a discutir los planes para el jueves, nuestro día de cumbre. El viento soplaba cada vez más, la presión había bajado un poco… no había buenos augurios. Nos fuimos a dormir tempranito, con la idea de levantarnos tipo 2am, para salir bien de madrugada, cuando estadísticamente todo indica que debería ser más calmo.

Campamento 2, completo
Charla entre guías
 

Ya de por sí hubiera sido complicado descansar ese día, con los nervios del intento de cumbre del día siguiente, ni hablar si a eso le sumamos la preocupación de si podríamos salir o no, y… el recornudo viento. Viento, viento y más viento. No paraba. A las 2am seguía soplando como si nada. Decidimos descansar un par de horas más, y volver a evaluar la situación a las 4am. A esa hora seguía todo igual… después de un rato, igual nos pusimos en movimiento, como para estar listos y salir a las 6am a caminar. Desayunamos en las carpas, nos abrigamos con todo… y a las 6 salimos. Teníamos TODAS las ganas!

A medida que empezamos a subir, y que empezó a clarear, el viento se fue calmando. Parecía que finalmente todas las piezas encajaban. Después de un rato de marcha se apareció desde abajo, de la nada, un guía mendocino con su novia, que venían subiendo a las chapas, re-entrenados, vaya uno a saber desde donde. Y al rato… los reencontramos, aprox. a 4200 msnm. El guía no tenía crampones, y se había medio atascado en la parte más jodida del intento de cumbre, que es a mitad de camino, en una pendiente que normalmente debería tener bastante nieve y unos penitentes, pero que ahora tenía poca nieve, con lo cual había acarreo suelto, y encima, hielo. Pablo y Lechu se pusieron a evaluar alternativas, y mientras tanto nos calzamos los crampones. La cosa estaba técnicamente complicada… ¿seguíamos o no? Una posibilidad era que Pablo y Lechu pusieran una soga, la subida estaba garantizada, prácticamente, pero había dudas con la bajada. Que importante es eso. Yo en mi inexperiencia solo quería subir, nunca me pregunté si hacía el esfuerzo de pasar ese tramo en subida, como mierda lo iba a hacer en bajada, que siempre es técnicamente más complejo. Y que sí, que no, empezó a soplar el viento otra vez bastante… y aparecieron un par de nubes desde atrás… y… game over. Mission aborted. Bajemos.

Amanecer
Complicado...
Crampones
Bajando...
 

Y bajamos. El viento te volaba, mal. Aterricé de culo varias veces porque tenías que caminar permanentemente haciendo fuerza contra el viento, y de pronto la ráfaga se apagaba, y entonces te ibas a la mierda. Nunca había experimentado tanto viento. La primera vez que fui al Lanin, en mi primer intento, en el ’99, también nos bajó el viento. Pero no era NADA comparado con el viento del Domuyo. Y mientras tanto, se siguió cubriendo todo de nubes. En retrospectiva, bajamos justo. Si hubiéramos seguido más arriba, y nos agarraba el ventarrón y las nubes en el filo… hubiera estado heavy. Muy muy heavy.

Se vienen las nubes
Se vienen las nubes
 

Pasamos por el Campamento 2, levantamos todo, y seguimos hasta el Campamento Base. El viento era insoportable. A mi me quemó los papeles, mal. Es algo que tengo que aprender a controlar. No el viento (ojalá pudiera!), sino mi reacción para con el viento. Llegamos al Campamento Base muy cansados, y eso queno habíamos hecho cumbre, con lo cual habíamos caminado mínimo 5 hs menos. En mi caso, buena parte del agotamiento era más mental que físico. Por culpa del viento. Cansados o no cansados, llegamos a evaluar el seguir viaje hasta Playón, y acampar al costado de la casa del paisano que nos había porteado el equipo. Pero finalmente decidimos quedarnos a pasar la noche en el Campamento Base.

Al otro día, desarmamos, y acompañados por el querido viento ¬¬, comenzamos el descenso final. Nos trasladamos en vehículo desde el Playón hasta Aguas Calientes, donde almorzamos. Y después empezamos a pensar en volver a Varvarco, creo que solo queríamos una ducha, y no nos importaba nada más. Por suerte Pablo nos convenció de ir a pegarle una mirada a las termas. Y la mirada… terminó en todos en el agua disfrutando de las aguas termales, lo que nos recargó un montón las pilas.

Paisano y nube
 

A la tardecita regresamos a Varvarco, y luego de reorganizar nuestras cosas y darnos una buena ducha, empezamos a desandar el camino: Varvarco – Las Ovejas – Chos Malal – Neuquén. De allí, todos volvían a Buenos Aires, excepto yo que seguía viaje a Bariloche, para arrancar una travesía (pero eso… eso es otra historia…)

Me encantó la experiencia, a pesar de que uno siempre quiere la cumbre. Sí, por más que uno sepa que la última palabra siempre la tiene la montaña… uno quiere la cumbre. Pero bueno, así es la vida. Así es la montaña. Quizás el gustito es más amargo porque el grupo andaba de 10, y porque el clima se re portó hasta último momento… entonces… casi es como una burla: “mirá, no solo te dejé subir, sino que te ayudé a subir, pero listo, hasta acá nomás. Ahora, bajate”. Y sí, da un poco así como de bronquita…

Pero vayamos a lo positivo, que es todo lo que uno aprende, y la experiencia que te llevás, y todo lo que te cagás de risa con gente copada.

Particularmente en cuanto a la experiencia, como decía antes para mi era la primera vez en campamentos de altura, así que fue super valiosa. Y el viento fue toda una experiencia. El tener que estar permanentemente pendiente de donde ponés cada cosa, de tener cuidado cada vez que abrís la mochi y sacás algo, el tener que controlar que todo lo tenés que dejar adentro de la carpa, o trabado con piedras, porque si no se vuela al carajo… todo el tiempo. Es agotador mentalmente, o al menos en mi tiene ese efecto, pero también aprendí eso, y creo que la próxima vez que tenga que enfrentarme con una situación así, voy a estar mejor preparado.

Otra cosa que me llevo es Domuyo como lugar… impresionante. Qué paisajes! Está plagado de lagunitas de altura, hay unas vistas impresionantes de la cordillera (y eso que no pudimos seguir subiendo!), y en el Domuyo vi unos atardeceres y unas nubes loquísimas, que creo que voy a recordar siempre.

¿Volvería a intentarlo? Me parece que sí. Tengo ganas de seguir haciendo ascensos, eso seguro. Independientemente de que siga poniéndome de a poco metas más altas, me gustaría volver al Domuyo en algún momento, aunque quizás me gustaría hacerlo con más tiempo. Realmente cuesta bastante tiempo llegar como para tener una ventana de cumbre de solo un día. Estaría bueno contar con dos, o idealmente, con tres. Pero bueno, veremos…

Mientras tanto, mi record de altura siguen siendo los 4500 msnm del abra Ronqui, en Jujuy…

Selección de fotos del ascenso en Flickr: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625766068623/

Humahuaca – Valle Grande, julio 2010

Por la quebrada hasta las nubes…

Seguir viendo fotos del último viaje en Facebook, una semana después, es una buena motivación para no postergar más la reseña. Y que hoy 1ro de agosto se esté celebrando el día de la Pachamama, suma  :)

Anduve otra vez de travesía por el NOA con Hielo Azul Aventura y varios amig@s: Luis, Caro, Ceci, Nora, Charly, Vero, Ale… ¡todas figuritas repetidas! La propuesta consistía en unir Humahuaca con Valle Grande, casi podríamos decir otra vez de la puna a la selva, aunque diferente… cada rincón del noroeste tiene su magia particular.

Vamos a arrancar el viaje mencionando el frío. Porque sí, hizo frío. Mucho. Muchísimo. Fue la pregunta obligada cuando volví (¿cómo la pasaste? ¿mucho frío?), y no por nada. La travesía arrancó en plena “ola polar”, hacía un par de días se habían registrado temperaturas inferiores a los 20 grados bajo cero en Paso de Jama, Jujuy… digamos que no muy lejos de Humahuaca. Luis viajó a Jujuy unos días antes, y avisó por SMS “Traigan abrigo. Mucho frío!”. Cuando bajé del micro en San Salvador de Jujuy hacía frío, sí, pero yo seguía con mi polar gruesito, y no era para taaaaanto. Pero cuando bajamos con Vero en Humahuaca… Dios… no me daban las manos para sacar abrigo de la mochila. Hacía FRIO.

Por suerte en unos minutos ya estaba en la calidez de la Posada El Sol… cuantos recuerdos de aquel viaje en pleno carnaval. Esta vez estuve unas pocas horas en Humahuaca (y en la posada), pero fue lindo volver a verla, reencontrarse con Carlos, compartir unos mates en el salón. Cuando llegamos con Vero ya estaban Luis, Ale y Caro, y unas horas después llegó el resto del grupo: Charly, Ceci, y Nora. Después de acomodarnos y matear un rato, salimos a ponerle el pecho al frío de la noche humahuaqueña, con la excusa de una buena cena típica (un par decantaron por la pizza, pero bueno… :P ). La mayoría comimos locro, que estaba buenísimo, y al cual regamos con un buen tintillo. Y con la pancita llena y calentita, nos fuimos otra vez a la posada, a descansar para estar listos para arrancar el trekking al día siguiente.

Esperando el locro...
Esperando el locro...

La mañana nos sorprendió con una tenue nevada, tenue, pero nevada al fin, y resulta que es un fenómeno que no se daba desde hacía como 25 años en la quebrada, así que fue todo un suceso. Humahuaca estaba vestida de plata. Un lujo. Luego de un suculento desayuno en la posada, partimos en vehículos hacia Ocumazo, en donde arrancaba la travesía.

Cristales en la ventana
Posada El Sol
Humahuaca vestida de plata
Ramas nevadas

Fue un día de trekking tranquilo, estaba bastante frío, pero caminando no se notaba tanto, y durante buena parte del trayecto estuvo medio brumoso. La caminata se hizo larga… la altura había empezado a pegar, pero finalmente llegamos a Sarso, 3800msnm, donde armamos el primer campamento. Por la noche no solo volvió a bajar la temperatura, sino que se puso muy ventoso, así que la verdad se complicó un poco descansar, particularmente por el viento… parecía que las carpas iban a salir volando con nosotros adentro y todo.

Ocumazo
Cactus
Apuntando al cielo

El segundo día de marcha fue bastante más exigente, el que alcanzamos el punto más alto de la travesía, y probablemente el más espectacular en cuanto a belleza natural. Por la tarde llegamos al abra Ronqui, a unos 4500msnm, con una espectacular vista del Hornacal. Bellísimo. Por otro lado, para mi fue un record de altura: nunca había estado a más de 4200/4300msnm. De allí empezamos a bajar, internándonos en una quebrada hasta llegar a una aguadita, un lugar llamado “El ciénago” (3700msnm), en donde armamos el segundo campamento. Llegamos molidos… fue un día largo y de mucha altura, y quien más quien menos, nos afectó aunque sea un poquito a todos. Nora pobre estaba hecha pelota. Después de una buena cena en la carpa cocina (al igual que la noche anterior), nos desmayamos en las carpas. Fue otra noche fría y ventosa, aunque ya no tanto como la anterior (o el cansancio acumulado hizo que descansara mejor, y notara menos al viento… no se)

Los colores de la Puna...
Cielo y Puna
Abra de Ronqui
Hornacal

Al día siguiente continuamos bajando. Fue otro día interesante en cuanto a paisajes, caminando a lo largo de un arroyo con muchas cascaditas, algunas congeladas, lo que les daba un aspecto más especial. El frío empezaba a aflojar (¡chau ola polar!). Otro condimento de la caminata de ese día fueron los senderos con escalones de piedra, con influencia Inca. Que laburo… Poco después de mediodía llegamos al pueblo de Caspalá (3000msnm), el primero de los pueblos que recorreríamos en la travesía. Hicimos algo de fiaca, algunos al sol, otros a la sombra, recorrimos un poco el pueblo, y nos alojamos en un salón parroquial. Por la noche festejamos el día del amigo con un espectacular risoto y una torta de postre, y Carcassonne, obvio, que nunca puede faltar :)

Resolana
Senda inca
Sol, piedra, agua y hielo
Llegando a Caspalá
Caspalá

El cuarto día de marcha fue el más largo y agotador: Salimos de Caspalá, bajamos hasta la quebrada del río Hornos, subimos (en una interminable subida…) hasta un abra a 3350msnm, cambiamos de valle, bajando hasta el río Doblonzo, volvimos a subir, por suerte no tanto, aunque el cansancio ya hacía que todo sea más largo, y finalmente bajamos hasta Santa Ana, segundo poblado. Lástima que no tengo ninguna foto de las callecitas, porque fue el pueblo que más me gustó. Pero llegué fundidísimo… ese día me había hecho el canchero y no había tomado el antinflamatorio (me estaba recuperando de un pequeño esguince), y eso sumado lo largo de la jornada hizo que llegara quemando combustible de reserva. Nos alojamos con una familia que ofrece hospedaje a turistas, y por la noche el esfuerzo fue recompensado con un espectacular corderito con papas andinas de diversas variedades, pancito casero, vinito, picante… buenísimo. Fue una noche música también, primero con Luis, y después con Osvaldo, hijo de la dueña de casa, que nos deleitó con bastante folklore, incluyendo algunos temas de su autoría. Vero, Ale, Charly y Luis hasta se animaron a bailar una chacarera.

Abra
Abra
Luis
Osvaldo

A la mañana siguiente dejamos atrás Santa Ana, y después de subir hasta el Abra del Valle (3500msnm), empezamos a bajar hacia Valle Colorado. El paisaje ya empezaba a cambiar… se empezaba a ver más verde, pero también una tierra cada vez más roja. Muy lindo. Lamentablemente, ese día estuvo ensombrecido a causa de un incendio forestal. Fue muy triste ver el fuego descontrolado a medida que nos acercábamos, y saber que el que se apague dependía del viento y las condiciones meteorológicas… nada de bomberos, ni aviones hidrantes, ni un carajo. Nuestro sendero nos llevó incluso hasta el origen del fuego: un fogón mal apagado. Genera una impotencia muy grande el ver como por un descuido, algo que parece tan pequeño y tan inocente como un fueguito, se termina incendiando todo un cerro. Tristísimo :( Fuego al margen, continuamos descendiendo y adentrándonos en un paisaje cada vez más verde y colorado, hasta llegar a Valle Colorado, a 1900msnm (¡flor de bajadita ese día!). Nos alojamos en una casa de familia, que por la noche nos preparó un guiso que tenía carne, arroz, verduritas, papas… ¡riquísimo! También hubo pancito casero y tintillo. Mientras esperábamos la cena, vimos un par de videos documentales (de la Universidad de Jujuy) con la hostoria de Santa Ana y Valle Colorado. Muy interesantes.

Camino a Valle Colorado
Acercándose al fuego
Fogón culpable
Rumbo a Valle Colorado
Puerta
Callecita de Valle Colorado

Arrancamos otro día con un suculento desayuno con tortafritas, pan casero y dulde de cayote, obviamente también casero. Estuvo buenísimo. Y con las pilas cargadas partimos de Valle Colorado. Último día de trekking, muy tranca y cortito, hasta llegar a Valle Grande. Arribamos a mediodía, almorzamos en un típico almacén de ramos generales, digamos… un algo que es cantina, verdulería, almacén, todo en uno. Para un porteño parece detenido en el tiempo. A mi me hizo acordar mucho a La Banderita, el almacén de ramos generales que tenía mi abuelo paterno con su hermana, en Remedios de Escalada. De Valle Grande teníamos que ir a Ledesma, por el camino de montaña que atraviesa el PN Calilegua. Pero en lugar de ir en colectivo, hicimos arreglos para ir en vehículos particulares. Parecía una buena idea, porque eso nos permitía llegar a Ledesma al menos una hora antes… pero medio que nos salió el tiro por la culata porque uno de los vehículos se retrasó, así que terminamos llegando a Ledesma igual de noche. Yo ya había hecho ese camino el año pasado, pero la verdad que en un vehículo más chico se disfruta más. Eso fue un plus. La profundidad de las quebradas es IMPRESIONANTE. El camino realmente no es apto para personas impresionables o con vértigo. Lamentablemente no daba para estar parando y sacando fotos… así que otra vez no tengo registros de ese paisaje atravesando la selva de Calilegua, más que en mi memoria.

Flores
Nos vamos de Valle Colorado
Valle Grande
Monumento a la Pachamama

En Ledesma nos hospedamos en el mismo hotel que el año pasado al final de Tilcara/Calilegua, y después de una merecidísima ducha, fuimos todos juntos a cenar a una parrilla con modalidad tenedor libre, recomendación de Hielo Azul (el año pasado no habíamos podido ir porque estaba cerrada). Espectacular. Buenísima. Muy buena carne, y muy buenas ensaladas. Comí como cerdo.

Y finalmente partimos otra vez hacia San Salvador de Jujuy. Esta vez parecía que iba a tener algo de tiempo para pasear un poquitín, o al menos para hacer un par de compras con calma… pero no, un desperfecto en el micro que nos llevaba nos sacó como una hora, así que si bien dió para almorzar, más que tranquilos, unas empanadas jujeñas en un restaurante de la peatonal principal, no hubo tiempo para paseo, y el comprar algunas cosillas que quería llevar a Buenos Aires fue un verdadero rally contra reloj. Con todos los trámites listos, subimos al bondi… y a Baires (Nota: Cuidado cuando compren pasajes en el servicio “cama” de FlechaBus… los muchachos tienen una idea bastaaaaaante particular de lo que es un servicio cama. Suckean. Big time)

Fotos de la travesía, acá:

http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157624474240677/

Vallecitos 2010

Y así fue como el Bicentenario transcurrió para mi lejos de casa, en Vallecitos, Mendoza. Había estado en Mendoza un par de veces en el pasado, pero nunca en Vallecitos. La idea arrancó en parte porque quería hacer algo, no quería quedarme en casa, y en parte porque quería retomar el tema ascensos.

Resulta que después de los dos viajes al Lanín en el ’98/’99 (más o menos) nunca volví a plantearme hacer un ascenso. Hice mucho trekking, mucho senderismo, eventualmente hice cumbre en algún cerro (cerrito…) porque bueno, porque la travesía así lo requería, pero nunca más me prendí en una propuesta que fuera “vamos a salir, vamos a apuntarle a aquel cerro, vamos a subirlo, y después vamos a bajarlo”. Y es una movida completamente diferente, con mayor desnivel, donde hay que tener en cuenta otras cosas, y si encima le metés altura y algo de frío y nieve (como fue el caso en Vallecitos), otro nivel de dificultad.

Así que la propuesta de Vallecitos tuvo dos caras: Conocer el lugar, caminar un poco, desenchufarse, respirar aire puro y compartir gratos momentos con amigos, por un lado, y por otro, el desafío de hacer algunas cumbres, y medirme un poco como ando en esto de subir un cerro.

¿Adivinen quién organizó el viaje? ¡Sí! ¡Hielo Azul Aventura! Muy bien. Ya me van conociendo… :) Salimos de Retiro el viernes a la noche, con retrasos. Retiro era un loquero, mal. Impresionante. Está total y absolutamente colapsado para estas fechas. Y total y absolutamente fuera de control. El circo que habían montado el año pasado con los sectores de embarque, en el pico de la Gripe A, para otorgar más control y seguridad, y asegurarse por ejemplo que solo pasaran a la zona de las plataformas de embarque/desembarque los pasajeros y empleados de la terminal, está virtualmente desmantelado. La infraestructura (que no creo que haya salido $2 precisamente…) está, pero está en desuso. ¿Por qué? Vaya uno a saber.

Viajamos por Andesmar, donde es un clásico jugar al “Bingo Andesmar” durante el viaje. Y gané :) ¡Ja! Nunca me gano nada, así que fue un muy buen comienzo de viaje esto de arrancar ganando el bingo. Me gané un vino tinto, que luego compartimos en el refugio.

Llegamos a Mendoza el sábado a la mañana, y de allí partimos en combis hacia Vallecitos. El grupo era bastante grande, y terminamos divididos en dos refugios. A mi me tocó estar en el refugio Mausy, a otra parte del grupo en el refugio del centro de ski. El refugio Mausy es muy lindo, y Vane y Guille, los refugieros, son super-ultra-copados. ¡Ah! No nos olvidemos de Violeta, su hijita, que tiene apenas 5 meses de vida y está viviendo con los papis en el Mausy desde el tercer día… es una santa. El refugio está a unos 2900 msnm.

Refugio Mausy
Refugio Mausy
 

El sábado a la tarde, luego de acomodarnos, almorzar y descansar un rato, hicimos todos juntos un trekking hasta Las Veguitas (de paso aprendí que “vega” es sinónimo de “mallín”, solo que el primer nombre es más común en la zona de cuyo y NOA, mientras que el segundo es clásico de Patagonia), que es el típico “campamento base” para muchos ascensos. La idea era conocer y aclimatarse un poco a la altura. Estaba muy húmedo y bastante nublado, de hecho, ya en Las Veguitas se nos vinieron las nubes encima, pero igualmente pudimos disfrutar del paseo.

Las Veguitas
Las Veguitas
 

Por la noche se nevó todo, lo cual tuvo un doble efecto: Bajó la temperatura un poco más, pero por el lado positivo, se despejó completamente. Los restantes días estuvieron hermosos, frescos, pero completamente despejados, y sin viento. Diez puntos.

El domingo volvimos a salir todos juntos, con la idea de hacer el ascenso al Lomas Blancas, que es un cerro de unos 3600 msnm. Hicimos cumbre cerca de mediodía, y estaba tan calmo y despejado que pudimos quedarnos en la cumbre y almorzar allí. Luego emprendimos el descenso, pero apuntando al col que separa al Lomas Blancas del Arenales. La idea era que aquellos que quisieran, en lugar de bajar y volver al refugio, desde el col intentar cumbre en el Arenales (3400 msnm), que está muy cerca. Yo me prendí con este grupito, y al rato estábamos haciendo cumbre. Así que fue un domingo con cumbre doble :)

Subiendo el Lomas Blancas
Cumbre del Lomas Blancas
Cumbre del Arenales
 

El lunes, para aquellos que querían, podían, tenían ganas, se sentían bien, tenían equipo, etc., siempre bajo el criterio de los guías, estaba planteada la posibilidad de intentar cumbre en el Adolfo Calle (4260 msnm), lo cual planteaba un desafío un poco mayor. Así que una parte del grupo (en la que estaba incluído) partió muy tempranito, cuando apenas estaba clareando hacia el Adolfo. En total eramos 10 personas, contando a Guille y Pablo, nuestros guías.

El ascenso estuvo muy bueno, la mayor dificultad para mi fue el terreno, con mucho acarreo, lo que dificulta un poco la marcha, la pendiente, que especialmente en el último tramo se pone interesante, y la altura… 4000 msnm no es muuuuuucha altura, pero es suficiente altura para que el organismo te recuerde que NO estás caminando y haciendo esfuerzo al nivel del mar. Se nota. A lo último estaba muy agitado, me costaba cambiar el aire, tenía las gambas quemadas, y cada músculo del cuerpo me decía “sentate flaco, sentate acá y disfrutá del paisaje”. Ahí es donde es importante la cabeza, para seguir adelante. Pasito a pasito. Tratando de transformar el aliento de Guille, que iba delante mío en energía. Planteándome metas, onda, “bueno, ahora vas a caminar hasta aquella piedra”. “Listo, ahora, caminá hasta aquella otra”. ¡Y finalmente llegué! Hice cumbre a eso de las 14.00, después de 6 intensas horas de aproximación y ascenso.

Amanece en Las Veguitas
Subiendo el Adolfo Calle
Cumbre en el Adolfo Calle
3 cumbres 3!
 

El día estaba inmejorable, arriba no había viento (¡insólito!), así que estuvimos en la cumbre un buen rato. Casi una hora. Y después… a bajar. La bajada es más rápida, porque la mayor parte se hace aprovechando un acarreo, así que con la técnica correcta y dejándote llevar, bajás a buena velocidad. El tema es que estaba cansado… y que mis botas de trekking empezaron a jugarme una mala pasada. Me quedan chicas. Me las compré justas, para el verano. Las usé en Cholila y me molestaron, pero no le di importancia porque supuse que era porque eran nuevas y estaban duras. Me molestaron algo en San Luis para Semana Santa, pero apenas, porque las caminatas fueron mucho menos exigentes y más cortas. Pero en la bajada del Adolfo Calle, me mataron. La combinación de medias un poco más gruesas, los pies hinchados (por las horas de caminata, el esfuerzo, mi tendencia a retener líquido y encima la altura) y la pendiente se combinaron para torturarme toda la bajada. Era como ir pateando la pata de un mueble con el dedo gordo de cada pie a cada paso. Feo feo feo. Encima no podía hacer nada… no podés bajar descalzo, así que me la tuve que aguantar. ¡Cómo costó! Había momentos que tenía ganas de llorar. Posta. No se lo deseo a nadie…

Volviendo al refu
Atardecer
 

Botas al margen, pasito a pasito, a la nochesita llegamos otra vez al refu, en donde disfrutamos de un ESPECTACULAR “locro de autor” (sic) que había preparado Vane. Resulta que cuando se estaba armando el viaje, con el tema del bicentenario en mente, y me contaron del refugio, se me ocurrió decirle a Luis “si preparan un tradicional locro, la propuesta te queda platinum”. Y resulta que Luis les transmitió a Vane y a Guille la idea del locro… y el locro finalmente se hizo realidad. :)

El martes Guille preparó el asado de despedida a mediodía para todos. Buenísimo. ¡Qué buen asado! Y así, degustando el asado y regándolo con vino el viaje llegó a su fin. A media tarde partimos a Mendoza otra vez, y de ahí, a Buenos Aires.

La pasé genial, tuve la oportunidad de volver a compartir otro viaje con Caro, Pau, Charly, Anita, Eze, Jorge, Luis y Pablo, me divertí un montón, y comprobé que esto de los ascensos es completamente diferente a una travesía o a un trekking tradicional… y que también me gusta. Así que ahora hay que buscar algo un poco más alto para seguir… podría ser algún otro cerro en Vallecitos (hay cerros para tirar manteca al techo, y de todas las alturas y niveles de dificultad), o el Domuyo.

Más fotos del viaje, acá.

Por huellas comechingones

Para Semana Santa me fui unos días a San Luis, a despuntar el vicio del trekking. Y si no escribo algo en el blog, el viaje va a tener el triste record de ser el primero sobre el cual no escribo nada acá. Y eso estaría muy mal! Así que aunque no estoy inspirado ni tengo muchas ganas de escribir desde hace ya un par de semanas, vamos a ver que sale.

La escapada de Semana Santa está enmarcada en un proyecto personal intitulado “en 2010 me voy a rajar de Buenos Aires para todos y cada uno de los fines de semana largos que se crucen en mi camino”, y fue un mini-trekking con Hielo Azul Aventura en las cercanías de Merlo, ahí, al filo del límite entre San Luis y Córdoba.

El primer día acampamos luego de una caminata de unas 4 horitas cerca del Cerro Blanco, a orillas del río. Fue un día tranqui, y hermoso… hasta que empezó a caer la tarde. El tiempo no nos acompañó mucho en el viaje, la verdad, pero se disfrutó igual :) Pero el primer día estuvo soleado, y a la tarde aprovechamos para hacer un mini-trekking a una cascada que quedaba por ahí cerquita.

Cascada
Arroyo
 

A la noche llovió de lo lindo, y a la mañana siguiente seguían cayendo chaparrones de a ratos, así que hicimos bastante fiaca mientras decidíamos si salir a caminar o no. Obivio al final salimos… ¿para qué estábamos ahí? Así que ahí nos fuimos, hacia el Cerro Aspero, y el Pueblo Escondido. Este pueblo hoy semi-abandonado está a los pies de las minas de wolfram (abandonadas completamente), y era el lugar donde vivían los mineros. Es un lugar muy pintoresco, con algunas construcciones bastante derruídas y otras no tanto. Algunos de los edificios están ocupados por familias que explotan el lugar turísticamente. Por ejemplo, hay una especie de posada donde sirven comidas caseras y esas cosas. No me quedó claro cuanto de esta ocupación es formal (i.e., “legal”), y cuánto informal. Almorzamos y pasamos buena parte de la tarde allí, y luego volvimos al campamento. Y para la merienda, Pablo nos sorprendió con pastelitos caseros que habían preparado la familia de Gustavo (nuestro arriero).

Rumbo al pueblo escondido
Pueblo escondido
Pueblo escondido
Pueblo escondido
 

Al día siguiente desarmamos las carpas, cargamos todo, y rumbeamos para la Aguada del Tabaquillo. Estuvo bastante nubladengue, lo cual para caminar está bueno. A mediodía… sorpresa! Las mismas manos que habían hecho los pastelitos, resulta que también habían preparado empanadas de carne. Y de las de verdad eh! Nada de esas pseudo-empanadas del Noble Repulgue o similiares ;) Por la tarde llegamos a la Aguada, donde acampamos. Qué lindo lugar! Es una praderita verde encerrada por los cerros y el río. muy muy linda.

Rumbo a Aguada del Tabaquillo
Merlo desde el cerro
Aguada del Tabaquillo
Aguada del Tabaquillo
 

Finalmente el domingo levantamos campamento otra vez, y arrancamos el descenso hacia Los Molles, caminando entre la niebla y la llovizna. De ahí nos trasladamos en vehículo hasta un camping en las afueras de Merlo, y después de ponernos presentables disfrutamos un suculento asadazo. A la tarde algunos nos fuimos a dar una vuelta por las ferias artesanales que estaban cerca, y hasta hicimos algo de shopping. Yo terminé comprando un mate re-lindo pero que resultó estar mal estacionado, medio verdolaga… todavía estoy tratando de rescatarlo. Y después descubrimos una casa de té medio “boutique”, con una onda rústica/new age/indi… algo medio raro, pero muy lindo, y preparaban unos cafés especiales de aquellos, y unas tortas caseras buenísimas. Fue un buen complemento de otra tarde lluviosa :)

Un par de horas después pasó la combi a buscarnos para llevarnos a Merlo, y de ahí, micro y a casa.

La experiencia estuvo muy buena. Me quedé con ganas de conocer las minas de wolfram… pero bueno, otra vez será. La lluvia hinchó un poco las pelotas para caminar, sí, pero nada que no se resuelva con ropa impermeable. Y ayudó a sacar lindas fotos. No hay caso: no hay con que darle a la luz difusa y los contrastes de un día nublado. Es buenísimo.

Fotos de la travesía, acá.

Por las huellas de Butch Cassidy

… o también conocida como Travesía del lago Cholila al lago Puelo.

Pero no voy a escribir sobre Butch Cassidy. Lo pongo solo porque es un título más piola para la travesía. Y no, no lo inventé yo, lo inventó Hielo Azul (y si no lo inventaron ellos no se, pero bueno, yo me estoy copiando de ellos).

¿Cómo arrancar a escribir sobre Cholila/Puelo? Para mí, es una travesía legendaria. Corría enero de 2003 (supongamos, o por ahí…), y yo hacía mi primer travesía con Hielo Azul (uff…! cuánta nostalgia me produjo volver a ver ese PPT!). Y en aquel momento Lorena, una grossa total, venía de hacer Cholila/Puelo. Por aquella época, debió haber sido la primer edición de la travesía… o por ahí. Y dije “quiero hacer eso” desde aquel momento. Y por diferentes motivos, no se dió hasta este año. Pero valió la pena esperar :)

¿Y qué tiene de especial? No se… es una combinación de cosas. Ganas de hacerla durante años y no poder. Los lugares por los que se transita. Es una travesía más larga que las “comunes”. Es una travesía exigente. Todo esto hacía que Cholila/Puelo para mi fuera especial, y que tuviera bocha de expectativas. Y puedo decir que por suerte estuvo a la altura de las expectativas, y que incluso las superó en algunos aspectos. Así que quedé contento como perro con dos colas.

Arrancamos con el clásico viaje Baires -> Bariloche -> Bolsón, al cual hubo que sumarle Bolsón -> Cholila. Muuuuchas horas. Y llegamos a un camping re-lindo, a orillas del lago Cholila, lejos del pueblo en sí, pero muy organizado. Ahí aprovechamos para preparar el equipo, sacarnos las dudas, descansar, disfrutar del lago, conocer la zona, y degustar un cabrito que asaron Fernan y Toto.

Camping Lago Cholila
Esta noche: Cabrito!
Lago Cholila
Atardecer
Lago Cholila

De allí partimos al día siguiente, cruzando el Cholila en lancha para arrancar el trekking, remontando el arroyo Turco, vadeándolo varias veces, hasta llegar a nuestro lugar de acampe. En uno de estos vadeos pisé para el culo una piedra, medio que me caí, aunque por suerte me pude levantar rápido y no se me mojó la mochi, y un rato después me di cuenta que me había lastimado medio feo el dedo gordo del pie derecho. Es impresionante como el agua fría actúa de anestesia local… hasta que no vi la sangre, no me enteré. Fue medio una cagada porque si bien la lastimadura se veía más fulera de lo que en realidad era, fue en un lugar jodido. Todos los días a la tarde medio que se cerraba y empezaba a cicatrizar, y al día siguiente en un rato de caminata me la volvía a abrir. La lastimadura fue entonces compañera inseparable en este viaje, y por momentos molestó bastante, pero acá estamos :)

Vadeando el Turco
Arroyo Turco
Campamento a orillas del Turco
El Turco no quiso ser menos que Cholila en cuanto a atardeceres...

Por la mañana continuamos la marcha, subiendo por El Turco (sí! más vados!), acercándonos cada vez más al Tres Picos, a cuyos pies terminamos acampando, en un bosque muy lindo. Llegamos al campamento relativamente temprano, y además el día siguiente era el día “libre” y nos quedábamos ahí. Disfrutamos del bosque y del arroyo, y al día siguiente, hicimos un mini-trekking con un poco de “lengging” para alcanzar un poco de altura y poder tener una panorámica del Tres Picos. Y luego… a aprovechar el resto del día libre, con más bosque y arroyo, y como no podía ser de otra manera, comiendo. Ese día hubo tortafritas, te de naranja y otras exquisiteses.

Seguiamos vadeando al Turco
El bosque
Fogon tempranero y mateada
Frente al Tres Picos
Cerro Tres Picos (panoramica)

Continuamos luego de nuestro día libre hasta llegar a la divisoria de aguas entre el arroyo Turco y el Derrumbe, y fuimos bajando por el Derrumbe hasta llegar al lugar de campamento. El día arrancó subiendo, y el lugar en donde paramos a almorzar es hermoso. Y como todo lo que sube tiene que bajar, bajamos. Y aprendimos por qué el Derrumbe se llama así… aparentemente es una zona en donde en invierno sonfrecuentes las avalanchas, y el bosque está… eeehhhmmm… avalanchado, digamos. Y caminar por entre las lengas que sufrieron una avalancha es interesante. Para mi fue territorio completamente desconocido. Y agotador, no por el esfuerzo físico, sino por la constante atención de qué rama pisar, como pisar, dónde pisar… es como que vas por un entramado de ramas, unos centímetros (por momentos, metros) arriba del piso real. Lo bueno es que el bosque es de lengas, y la lenga es re-fiel: Es super flexible y resistente, y se banca todo. Y así llegamos a “Derrumbe Beach” ;) en donde acampamos.

El Tres Picos
Y la programacion lineal era tan solo un borroso suceso de otra vida...
Neve
Efecto avalancha
Derrumbe Beach
El jardín de Derrumbe Beach

Luego fuimos subiendo alejándonos del Derrumbe hasta llegar al arroyo Cubridor. El Tres Picos nos fue acompañando, como siempre. Fue un día de una subida interesante, para cruzarnos hasta una zona de mallines en la que acampamos. El lugar de acampe fue bautizado por Luis y Fernan como “Camping la Lata”, en honor a una lata de 1958 que hay colgada de una lenga, y sigue ahí… y vaya uno a saber como llegó ahí, quien la llevó ahí, etc. Los lugares por los que nos movimos en esta travesía no son transitados, ni siquiera por gente del lugar. Así que la lata es llamativa. Y sería buenísimo poder hablar con la lata para que nos cuente su historia…

Subiendo
Lago Puelo, allá vamos
Camping "La lata"
Camping "La lata"

Si el día anterior habíamos subido y bajado… no era nada comparado con lo que nos esperaba. Porque la cosa siguió subiendo, DE VERDAD, y bajando, DE VERDAD. Fue una de la jornadas más largas y más duras. El premio de la subida fue una vista impresionante del valle del Turbio desde el Cubridor. El premio de la bajada fue el campamento, con su arroyito, y reaprovisionamiento de morfi desde Puelo! Y no, no es que los días anteiores que fuimos cargando morfi nos hubiera faltado comida. No, para nada. Tan solo que cuando hay reaprovisionamiento suelen aparecer cosas aún más ricas :) Creo que para todos lo más duro fue la bajada: Se hizo larga, el sol pegaba con todo, había que andar con cuidado para no derrapar, y a lo último empezó a escasear el agua… y para colmo el bosque está todo cerrado así que Fernan y Toto tuvieron que re-encontrar y re-abrir la senda. Pero llegamos. Agotados. Hechos mierda… pero llegamos. Estábamos hechos un asco de mugre, tierra, tierra y más tierra, y muertos de calor. El arroyito fue una bendición!

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Valle del Turbio (panoramica)
Al fin termino la bajada!
Descansando

Último día de travesía: seguimos bajando por el Valle del Turbio hasta llegar a orillas del Puelo, ya dentro del Parque Nacional, en donde acampamos. Fue un día de caminata corto; llegamos al lago a almorzar, y a la tarde hicimos playa a full. Yo conocía ese lugar de la travesía Puelo/Plataforma. Es un camping muy lindo. Y el lago Puelo es hermoso.

Posando para la foto
A orillas del lago Puelo
Playita en el lago Puelo
Atardecer en lago Puelo

Y se acabó la travesía! Al día siguiente cruzamos el lago en lancha, y fuimos a El Bolsón, a mi querido Albergue Gaia. Nos bañamos (ardua tarea, después de 10 días…), almorzamos unas riquísimas tartas caseras (la comida en Gaia es *tan* rica), descansamos, fiacamos, y a la noche… asadazo!

Y luego comenzaron las despedidas. Algunos partieron a Baires, otros nos quedamos en Bolsón, aprovechando para hacer turismo tradicional: Feria, degustación de helados de Jauja (muchas veces… que RICOS helados, Dios!), paseo típico por el Piltri, ascendiendo en remis hasta la plataforma, y luego subiendo a pie hasta el refugio, con parada previa en el Bosque Tallado. Cervezas artesanales varias y picadas. Y muchas cosas más.

Lago Puelo
El Bolson desde el Piltri
El grito de la tierra - Bosque Tallado
Pizza y cerveza casera en el Piltri
El Bolson desde el Piltri

El tiempo se recontra portó con nosotros. Los primeros dos días anduvo medio nubladegue, pero después se super despejó, y nos tocaron unos días de sol espléndidos. Recién en El Bolsón (y el segundo día) se decompuso un poco el tiempo (pero nada que no se solucione con fiaca, y una visita a la cervecería El Bolsón…)

El grupo fue EXCELENTE, nos divertimos muchísimo!!!

¿Más fotos? Sí, acá: